EL CONFINAMIENTO

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Todo el mundo habla del Coronavirus.

Las redes sociales, los medios, los vecinos y no tan vecinos pero que oyes sus conversaciones, aunque no quieras, cuando te atreves a ir a compar o a pasear al perro. 

Hasta los chistes que llenan la memoria de tu teléfono pero que te hacen sonreir y quitarle un poco de hierro a la seriedad del asunto.

Informaciones de todo tipo, datos, fuerzas de seguridad que dan miedo, pero con “la intención de hacernos sentir más seguros”  (contradictorio no?) etc,etc,etc.

Y,  ¿donde queda la incertidumbre de cada uno? Aquello que sentimos interiormente y a no sabemos poner orden? 

Allí, dentro de nosotros, és donde se esconde el miedo de lo que pasará con nuestra economia familiar, con la salud de nuestros seres queridos mayores y no tanto,  el qué quiere decir el hecho de que el mundo se pare de golpe. Y todo esto combinado con nuestras actividades del día a día, confinados en casa y estableciendo nuevas relaciones con los nuestros, con los que no estamos acostumbrados a convivir las 24 horas del día como si de un Gran Hermano se tratara. Claro que no todo es negro. Te dicen que puedes usar este tiempo para ti, y sientes que lo debes aprovechar al máximo: teletrabajar (mi hermana dice que le es imposible ponerse un horario y que trabaja más que antes), cuidar la casa, sacar tiempo para tu ocio en casa y tener espacios de ocio familiar, y a parte podrías poner orden a aquel armario que durante todo el año lo oyes diciéndote: “¿y yo para cuando?”. Y todo lo queremos hacer ya, no sea cosa que se acabe el confinamiento antes y no podamos decir que no lo hemos aprovechado. Porque el ritmo que llevamos normalmente (antes del confinamiento) es el ritmo que no soltamos ahora. ¿Y si lo aprovecharamos para hacer lo que tenemos que hacer pero no más? Uno de los Acuerdos Toltecas dice:

“Haz el máximo que puedas hacer pero no más”

Es decir, ¿y si fuesemos capaces de soltar el ritmo que llevabámos antes y ser conscientes de lo que hacemos en cada momento?

Todo esto sumado produce cierto caos mental:

  • Incertidumbre por lo que pasará
  • Miedo por nuestras familias y amigos
  • La nueva convivencia en  el Gran Hermano familiar
  • Autoexigencia por querer aprovechar todo el tiempo que tenemos
  • Y todas aquellas emociones y sentimientos propias sólo de cada uno

Con todo esto por delante, mi aportación, símplemente, se basa en recordar lo siguiente:

  1. Lo que la inteligencia emocional comprobó científicamente:  “Sólo existen dos emociones: el amor y el miedo. Todo lo que no es amor es una expresión del miedo”
  2. El agradecimiento,  por todo aquello que tenemos, ayuda a no enfocarnos en el miedo, y por tanto, nos proporciona calma y un poco más de bienestar.
  3. Y, en cada situación, elegir la mejor manera (de entre todas las posibles) para enfrentarnos a los pequeños conflictos cotidianos que vivimos aquí y ahora. 

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